7 de mayo de 2026 | Carmen del Darién, Chocó | Diego García
Durante años, congregarse significaba recorrer largas distancias entre caminos y limitaciones de transporte en una de las zonas más apartadas del Darién chocoano. Frente a esa realidad, varias familias comenzaron a reunirse en una empacadora de plátano en Carmen del Darién, Chocó, dando origen a un pequeño grupo que hoy se consolida como la Iglesia Getsemaní.
La nueva congregación representa un nuevo avance en el fortalecimiento del trabajo misionero en el sur de Urabá, una de las regiones más extensas y dispersas del territorio atendido por la Asociación Centro Occidental.

La historia de esta congregación comenzó en medio de las limitaciones propias de una región donde las distancias y el transporte dificultaban la asistencia regular a una iglesia organizada. En ese contexto, varias familias decidieron comenzar a reunirse en una empacadora de plátano ubicada en el sector, utilizando el espacio para desarrollar los cultos de sábado mientras el grupo comenzaba a crecer.
“Éramos tres familias y había una sola moto”, recordó Yerlis García, una de las líderes que ha acompañado el proceso desde sus inicios junto a su esposo Jesús Manuel Páez.
Con el apoyo de la iglesia Peniel Cetino, el grupo comenzó a consolidarse poco a poco. Los primeros años estuvieron marcados por las dificultades logísticas y la necesidad de sostener las actividades con pocos recursos y pocos líderes. “Todos los sábados participábamos siempre los mismos haciendo todos los elementos del sábado”, relató. Aun así, explicó que el deseo de convertirse algún día en una iglesia organizada fue una de las principales motivaciones para continuar.

El grupo inició con siete personas y con el paso de los años fue creciendo hasta integrarse con otro grupo cercano como parte de un proceso de reorganización liderado por el Pr. Walner Palacios, pastor del distrito Sur de Urabá, y acompañado por la Asociación Centro Occidental.
Según explicó el pastor, cuando llegó al territorio encontró una sola iglesia organizada atendiendo siete grupos en Carmen del Darién, una situación que generaba una alta carga para los líderes locales y dificultaba la coordinación del trabajo en la región.
Tras evaluar la ubicación de los grupos y la distribución de los miembros, se tomó la decisión de unir las congregaciones Sinaí Caracolí y Alfa y Omega, estableciendo una sede en el lugar donde vivía la mayoría de los hermanos y donde existían mejores condiciones para fortalecer el trabajo en la zona.
“El objetivo era unir fuerzas y trabajar hacia donde estaba la mayoría de los hermanos”, señaló el pastor.
La organización de la Iglesia Getsemaní también representa la sexta congregación establecida en el territorio durante el actual cuatrienio de la Asociación Centro Occidental, consolidando un proceso de crecimiento y presencia en regiones donde históricamente el acceso y las distancias han representado desafíos para el acompañamiento pastoral y misionero.

El Pr. Libardo Vaca, presidente de la Asociación Centro Occidental, destacó que este proceso hace parte del trabajo que se viene desarrollando en la región bajo el enfoque “Impacto Urabá: Un faro de esperanza”, una estrategia orientada a fortalecer la presencia de la iglesia en comunidades donde antes no existía o donde el acompañamiento era limitado.
Durante la ceremonia, el Pr. Libardo Vaca destacó el papel que espera cumpla la nueva congregación en la región. “Que esta iglesia hoy se levante como un faro de luz que pueda iluminar toda familia de este territorio”, expresó durante su intervención.
En ese contexto, la consolidación de nuevas congregaciones se conecta con el eje estratégico de “Misión para todos”, orientado a ampliar el alcance del trabajo de la iglesia en sectores que requieren una presencia más cercana y permanente.
Hoy, la Iglesia Getsemaní inicia una nueva etapa en Carmen del Darién como una congregación organizada, luego de un proceso sostenido por familias y líderes que durante años mantuvieron vivo el grupo en medio de las limitaciones de la región. Lo que comenzó con reuniones pequeñas entre unas pocas familias hoy se proyecta como una comunidad establecida que busca seguir fortaleciendo la presencia de la Iglesia Adventista en el sur de Urabá.























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El presidente Libardo Vaca dirige una dedicación especial mientras los participantes sostienen sus luces encendidas.






